Hay sesiones que, antes incluso de comenzar, ya anticipan cierto grado de incertidumbre. No tanto por el contenido en sí, sino por lo que implican: exposición, coordinación y una dosis considerable de trabajo en equipo. El taller de hoy reunía precisamente todos esos elementos.
La actividad ha consistido en retomar el circuito trabajado en clases anteriores, con la particularidad de que, en esta ocasión, éramos nosotros quienes debíamos diseñarlo y estructurarlo, manteniendo la misma base musical. Este enfoque ha hecho que el protagonismo recayera completamente en los alumnos, tanto en la parte creativa como en la ejecución final.
La sesión se ha dividido en dos momentos bien diferenciados. Durante la primera mitad, cada grupo ha dedicado el tiempo a organizar, ajustar y completar su coreografía, en nuestro caso aún inacabada. La segunda parte ha estado destinada a la puesta en escena conjunta, en la que todos los grupos hemos realizado simultáneamente nuestros circuitos, cada uno con su propia propuesta.
Mi grupo, formado por Nerea, María, Ayelén, Isabel, Lusi, Javi y yo, ha conseguido construir una coreografía bastante sólida en conjunto. Además, decidimos cuidar la estética como elemento complementario, vistiendo de manera uniforme —parte inferior negra y parte superior blanca—, lo que aportó cohesión visual y reforzó la sensación de equipo.
A nivel personal, la experiencia ha sido positiva, aunque no exenta de dificultades. En determinados momentos de la coreografía tuve problemas para seguir algunos pasos con precisión, lo que generó pequeños desajustes. Aun así, considero que el resultado global fue satisfactorio, especialmente teniendo en cuenta el proceso previo y el tiempo limitado de preparación.
En conjunto, ha sido una sesión exigente pero enriquecedora, en la que no solo se ha trabajado la coordinación y el ritmo, sino también la capacidad de organización, adaptación y creación colectiva. Una experiencia que, más allá del resultado final, pone en valor el proceso y el esfuerzo compartido.
En conjunto, ha sido una sesión exigente pero enriquecedora, en la que no solo se ha trabajado la coordinación y el ritmo, sino también la capacidad de organización, adaptación y creación colectiva. Una experiencia que, más allá del resultado final, pone en valor el proceso y el esfuerzo compartido.

